lunes, 17 de junio de 2013

Las campanas del alma






Las campanas del alma


Existe un sonido que repica a cada segundo en sus corazones y es la palabra hija, una campanada que a ratos los sublima y en otras los llena de una pena lacerante, y no se imaginan como los entiendo. Marcela ha llegado con su sonido hasta muchas almas, en cada una de ellas se ha leído las propias partituras que ella repartió en cada instante en que hizo de su alegría una vocación, una virtuosa de la composición más difícil de lograr, la entrega.


Esa mujer que ustedes llaman hija y yo, amor de mi vida, ha demostrado tener un coraje enorme, ha plantado cara a la prueba más difícil de su vida con una fuerza que no ha dejado a nadie indiferente, a nadie sin sentir admiración, a nadie sin el íntimo deseo de verla nuevamente correr detrás de sus sueños.


Ustedes no tenían más remedio que hacer patente sus valores en ella, desde el primer día que me crucé en sus vidas me abrieron las puertas con una generosidad que sentí mucho más ancha que el sólo hecho de ser el pololo de su hija, sino que me dispensaron el mismo amor que veía de ustedes hacia Marcela, así comprendí que el amor de dos puede ser mucho más extenso cuando las campanas del alma llaman a su mesa.


Es innegable que tanto ustedes como yo navegamos en un mar bravío, sin más auxilio que la fuerza de la oración y el remo de miles de voluntarios que nos quieren ver de nuevo en puerto, y ya no tengo duda que así lo haremos, Marce merece mirar su reloj sin la prisa de tener que llegar con premura a ningún lado, solo por el gusto de hacerlo.


Desde que supimos esta infausta noticia nos comprometimos tácitamente a estar unidos, hoy quiero ser explícito y decirles que estamos juntos en esta batalla y todas las que vengan, porque en esta guerra contra ésta maldita enfermedad nadie ganará más que nosotros cuando veamos a Marce espetarnos con su diáfana ironía, “¿acaso pensaban que se librarían de mí?”.


No es porque yo la ame que vea virtudes extras en su hija, al revés, suelo quedar corto en adjetivos cuando la describo, me puso de pie cuando la soledad me amenazaba con su amistad, me sacudió el polvo de mi esquematizada rutina y me regaló otros padres cuando los conocí a ustedes.


Dios no nos puede dejar solos, es evidente que se puso de nuestro lado, tanta convergencia de buenos deseos no es pura casualidad, la oración une y reconforta, a la par que crece la esperanza con cada abrazo, con cada palabra, con cada mirada que nos demuestra compromiso. No importa el tiempo que tome, pero el tañer de Marce se volverá a escuchar con más fuerza que nunca.  

Un abrazo apretado, Juan José.

No hay comentarios:

Publicar un comentario