Santiago, 31 de mayo de 2013
Mi amor:
Mientras en Santiago llueve, el
Talca de mi vida te extraña, un enero dulce contó con tu presencia, y a tu
vuelta, la enmascarada enfermedad impidió tu retorno. En mi tierra comenzó
todo, ese primer beso que me robaste como un asalto a corazón armado, lo cierto
es que no pude oponer resistencia, porque no había nada a que me oponerme, sólo
podía sentir que mi vida comenzaba de nuevo.
Hoy estamos atados a tu destino,
detenidos en medio de un fango absurdo producto de un aguacero que nos carcome
el alma. Nada me parece real, odio esa maldita cama de hospital que me separa
de tu abrazo, odio ese tiempo que te obligan a arrendar a lo incierto, odio el
castillo de arena que te encerró a inventariar sus granos.
Mi fe tiene de portada tu éxito, me he
apuntado a cuanto deseo que implora tu recuperación, y cada minuto me convenzo
más de que no necesitamos un milagro, tú misma lo eres y nada ni nadie puede
negarlo.
Extraño tus miradas inquisitivas,
esas que en otras circunstancias detestaba, pero que hoy me definen que hasta
que lo que yo siento un defecto, no es más que otra manera de retratarte sin
máscaras, ni fachadas.
Amor de mi vida, ni tus sonrisas
has podido dejar embaladas, ruedan por tu rostro tal vez en una proporción
minimalista, pero aún así siguen teniendo el poder de enamorarme como el primer
día. No puedo negar que necesito cada segundo en que puedo volver a verte, el
ingrato colofón me desgarra, pero tu fuerza me hace ver pequeña hasta la nevada
montaña que se aloja en la ventana de tu habitación que te espera.
Mi terapia ha consistido en traer
al presente cada uno de tus raptos de humor que tanto me fascinan, como aquella
prohibición de usar la camiseta de mi querido Rangers de Talca, porque a tu
buen criterio, solo los ordinarios usan camisetas de fútbol. O las veces en que
mi vocabulario te sonaba rebuscado y me exigías que te hablara en español.
Todo tiene tu tinte, hasta tu
enemiga la cocina me amenaza con que un día probaré tu mano, mis expectativas
son tan altas, que por verte de nuevo de pie comería hasta el charquicán que
tanto odiamos.
Siempre me dices que de lo único
que sientes celos es de mi amor por Rangers, que cada vez que escribo una nota
sobre mi club nos robaba tiempo a nuestra relación, y hoy te digo que tienes
razón, eso sí, escribiremos juntos la historia de tu divina recuperación.
Me han dispensado tanto afecto en
tu nombre que no puedo evitar sobrecogerme, estamos endeudados de por vida con
abrazos, con besos, con miradas, con conversaciones que te levantan del suelo
cuando el peso de extrañarte es imposible de soportar.
Como te he reiterado tantas veces
desde aquel 17 de mayo en que te enojaste con tu mamá y conmigo por dejarte en
aquel hospital, que repararemos con creces tu enojo, cuando vuelvas por tu
trono de reina, aquí en tu casa y cientos de otras casas en que habita una
cuota de ese incombustible amor por ti.
Te amo amor de mi vida, tu
JuanJito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario