viernes, 22 de noviembre de 2013

Tú, mi Educadora de Párvulos






Mi amor:

S
í hay algo que admiré de ti, fue tu vocación, nada te hacía más feliz que moldear la vida de los que daban sus primeros pasos en el sistema escolar, tus ganas de contribuir de manera responsable y empática a cortar el cordón umbilical con sus familias, no sé si te hacía la mejor Educadora de Párvulos del mundo, pero a mis ojos te mostró como la que más sueños cumplía cuando tus niños alcanzaban sus metas.

Tu delantal verde, tus planificaciones, tu facilidad para involucrarme en cuanta cosa necesitabas, me hizo conocer el corazón de una profesión que antes miraba de costado y que hoy la siento parte del ADN de una sociedad que aspira a formar mejores personas.

Extraño en demasía los relatos donde tu histrionismo me hacía recrear cada una de tus aventuras en tu sala de clases, desde esa pregunta indiscreta de un niño, hasta el ensayo de tu próxima actividad que te tenía un tanto estresada, todo me sonaba tan propio, que hoy el vació que dejó se torna gigante.

Hoy 22 de noviembre me habría gustado darte un abrazo apretado, felicitarte por tu día y comenzar a caminar de nuevo por la aventura de otro día de clases, donde seguro tus niños más de una sorpresa te darían o llegarías refunfuñando de tus apoderados porque otra vez te regalaron flores, cuando las odiabas.

Te sigo necesitando, no existe día en que tu recuerdo no me visite de alguna forma, aún me suena raro pensarte en pasado, esperarte sin remedio, palpar el dolor de tus padres, sé que todo es un proceso, pero el costo de vivirlo es demasiado oneroso.

A ratos no tenemos el control del trazo que dibuja nuestro andar, todo es aventura y hay que aprender a convivir con las sorpresas, sé que tú le enseñaste a miles de niños a dibujar sus primeras letras, sus primeras “obras de arte”, pero que difícil es aprender cuando el dolor hace de profesor.

Estoy cerca de todos los que te quisieron, juntos intentamos entender, aceptar, construir poco a poco las sonrisas que inevitablemente emigraron cuando te dejamos partir. Mucha gente me ha ayudado a recorrer estos meses sin ti, incluso haciendo realidad lo que tú bien sabías eran mis más íntimas aspiraciones. Hay mucho que agradecer, comenzando porque hayas sido parte de la etapa más feliz de mi vida.

¡Feliz día de la Educadora! Sé que en cielo estás enseñando.

Te amo Marce, tu JuanJito.

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