Mi amor:
S
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í hay algo que admiré de ti, fue
tu vocación, nada te hacía más feliz que moldear la vida de los que daban sus
primeros pasos en el sistema escolar, tus ganas de contribuir de manera
responsable y empática a cortar el cordón umbilical con sus familias, no sé si te hacía la mejor Educadora de
Párvulos del mundo, pero a mis ojos te mostró como la que más sueños cumplía cuando
tus niños alcanzaban sus metas.
Tu delantal verde, tus
planificaciones, tu facilidad para involucrarme en cuanta cosa necesitabas, me
hizo conocer el corazón de una profesión que antes miraba de costado y que hoy
la siento parte del ADN de una sociedad que aspira a formar mejores personas.
Extraño en demasía los relatos
donde tu histrionismo me hacía recrear cada una de tus aventuras en tu sala de
clases, desde esa pregunta indiscreta de un niño, hasta el ensayo de tu próxima
actividad que te tenía un tanto estresada, todo me sonaba tan propio, que hoy
el vació que dejó se torna gigante.
Hoy 22 de noviembre me habría
gustado darte un abrazo apretado, felicitarte por tu día y comenzar a caminar
de nuevo por la aventura de otro día de clases, donde seguro tus niños más de
una sorpresa te darían o llegarías refunfuñando
de tus apoderados porque otra vez te regalaron flores, cuando las odiabas.
Te sigo necesitando, no existe
día en que tu recuerdo no me visite de alguna forma, aún me suena raro pensarte
en pasado, esperarte sin remedio, palpar el dolor de tus padres, sé que todo es
un proceso, pero el costo de vivirlo es demasiado oneroso.
A ratos no tenemos el control del
trazo que dibuja nuestro andar, todo es aventura y hay que aprender a convivir
con las sorpresas, sé que tú le enseñaste a miles de niños a dibujar sus
primeras letras, sus primeras “obras de arte”, pero que difícil es aprender cuando el dolor hace de profesor.
Estoy cerca de todos los que te
quisieron, juntos intentamos entender, aceptar, construir poco a poco las
sonrisas que inevitablemente emigraron cuando te dejamos partir. Mucha gente me
ha ayudado a recorrer estos meses sin ti, incluso haciendo realidad lo que tú
bien sabías eran mis más íntimas aspiraciones. Hay mucho que agradecer,
comenzando porque hayas sido parte de la etapa más feliz de mi vida.
¡Feliz día de la Educadora! Sé que en cielo estás enseñando.
Te amo Marce, tu JuanJito.

