Talca, 10 de septiembre de 2013
“Otro mes”
Mi amor:
D
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ile al destino gracias por
haberte conocido, dile al mismo destino que me enseñe a entender, ¿por qué hoy
se cumplen 3 meses sin tus besos?, ¿por qué cambiaron tu abrazo por ese pedazo
de tierra donde enterraron tu corazón?
Te era tan fácil ser mi heroína,
solo te bastaba sonreír, con un puñado de tu alegría tenía todo lo necesario
para ser feliz. Hasta tus “no me pasa nada” acompañados de no mirarme, los
prefiero una y mil veces, que vivirte como un recuerdo imposible de
desaparecer.
Estás en medio de todo,
confundida entre la risa y el llanto, entre ese diván que analiza mi soledad y
entre esa esperanza que me permite engañar al dolor que me tomó por asalto.
Me acompañan cuatro tiempos y una
nota desafinada, la puerta cerrada al olvido y una que otra ceremonia con las
rutinas que te hacían especial, como aquella manía de abrir las escotillas para
que escaparan los fantasmas que amenazaban mi tranquilidad.
Cuando abro las ventanas de un
nuevo minuto te veo venir, me sigues de cerca, como se siguen a los autores que
interpretan tu emoción, como se sigue a la libertad después de la opresión. Me
quedo con todo en tus visitas, tu aroma, tu ironía, tus kilos de más, tus kilos
de menos, los rizos de tu cabello, y el perfecto desorden de tu cartera.
¿A dónde miran tus sueños?, me
imagino que a la primavera, incluso a las flores que odiabas, como yo odio ese
invierno que me robó el amor de mi vida, y que en la antesala de un futuro de a
dos, me dejó la mesa vacía con un par de tazas de té enfriadas por el dolor.
En mi velador están guardadas las
cartas que aún no escribo, incluso la tinta con que escribiré mi futuro sin ti,
una receta que nunca me preparaste y hasta la solución al teorema que jamás entendí.
En tu baúl que se quedó sin dueña, habitan dos rincones, en uno escondí un
caldero con mis lágrimas y en el otro, las semillas del último beso que dejaste
vivir.
Mientras las horas se estrellan
contra las palabras, un trozo de epopeya se dispara como bala, y las esquirlas
del miedo se transforman en escudo y el consuelo se hace carne en ese abrazo
que me espera detenido en algún lugar.
Las golondrinas aún no hacen
verano, y en tu maleta vacía cabe un poco de sol, los arboles desnudos se
visten con tu cara, y yo con las metáforas intento comprender eso que me dice
el tiempo hará desaparecer.
Las guitarras cantan un concierto
para dos, pero en mi sala de ensayo tu silla vacía se quedó sin invitación.
Te amo Marce, tu JuanJito.

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