Talca, 18 de septiembre de 2013
“Al tiempo”
A
|
l tiempo le decíamos amor, al
aire le decíamos razón, al miedo le decíamos corazón, a nuestra historia le
decíamos pasión, al eco le pedíamos perdón por gritarle con furia nuestro
amor, y a cada centinela de la verdad, le convencíamos que nada es igual al
precio de mirarse en otra alma y saber que en ese reflejo está no solo la
cara de quien amas, sino el rostro con que el destino habla.
Hay luces atrapadas en mis manos,
que vuelan cuando escribo aquellas cartas, que viven a un par de pasos de mis ganas,
de traerte nuevamente a mi ventana y correr de una en una las mañanas en que ya
no estás.
Cuando quiero sonreír solo me
basta recordar, como aquella vez en que me preparaste un té con agua de la
manguera, tenía un penetrante sabor a plástico que según tú era producto de mi
imaginación. También recuerdo tu insistente llamado para que subiera a la pieza
si me quedaba conversando más de lo adecuado, y con seriedad me preguntabas ¿a
quién vienes a ver? ¿A mí o a mis hermanos?
En cada reunión familiar te
gustaba ponerme en aprietos cuando decías Juanjo tiene algo importante que
decir, o te matabas de la risa cuando una vez te dije que no andaba con carnet
por si acaso tenías pedida una hora en el registro civil, o aquella ocasión en
que mi léxico te pasaba una mala jugada, como cuando te dije que no me gustaba
el boato de la iglesia, y tú con tu chispa de siempre me espetaste, Juanjito,
¿qué significa boato?
Nuestro amor no era perfecto,
sino que algo aún mejor, era artesanal, único. Tenías el aroma de las emociones
y la voz de la conquista, nadie podía con tu liderato, tu instinto vencía cada
batalla, contigo el mayor peligro del día
era sonreír.
Hoy me visto con tu último
abrazo, con tu mano anudada a la mía, con tu pelo encabritado invitándome a
vivir, con tus labios sospechando de mis besos, con tu silueta acomodada en mi
almohada, con tus pies sacándome a bailar, con tu poesía guardada en algún
lugar.
De repente me veo golpeando la
puerta de los imposibles por si apareces del otro lado, y entre tanto intento
desvelado, no me queda más que escribir la locura en las páginas vacías de mi
realidad, esa que en letras gigantes me grita que no aparecerás.
En el segundo piso de un día
nublado, hay un poco de sol en resistencia, con ese me quedo dormido para
soñarte, para quitarle a los segundos su marcha y al miedo a despertar una razón para ponerme nuevamente de pie, tú.
Te amo Marce, tu JuanJito.

