lunes, 5 de agosto de 2013

Un poco de todo, un poco de ti





Talca, 26 de julio de 2013

Un poco de todo, un poco de ti

L
a noche descarrila y en medio del ruido de la soledad te vuelvo a buscar, los recuerdos me abrazan a ti y es tan difícil no extrañarte si mi vida junto a ti era tierra fértil, la misma en que creció nuestro amor, nuestra historia, esa que reviso página a página cuando intento conversar contigo a través de nuestros recuerdos.

“No me hagas preguntas difíciles”, me respondías en medio de tu risa, cada vez que te llamaba para saber a qué altura del camino venías en tu viaje a Talca. Nada me alegraba más que tenerte en mi ciudad y verte bajar de ese bus con tu prestancia de siempre y tu sonrisa gigante cubriendo la noche de otro viernes de rencuentro. 

“No me he tomado ningún café con tu ausencia”, sino unos cuantos té con canela, esos que disfrutábamos en privado y en público, como las veces en que me era imposible no regalonearte con un desayuno en mi cama, esa que hoy se me asoma gigante cada noche en que añoro tu retorno.

Aún me parece mirar tu arsenal de cremas, colonias y sustancias afines dispuestas en un particular orden sobre mi escritorio, me encantaba que te hicieras y sintieras dueña de mi espacio, nada me hacía más feliz que ver y vivir tu risa, eras capaz de llenar el universo, si en eso de sonreír se midiese el afecto.

No sé cuándo ni porqué me comenzaste a llamar Juanjito, lo único que recuerdo es que me encantó tu manera de nombrarme, desde tus labios mi nuevo diminutivo se expandió por sitios que jamás imaginé, como la vez que me contaste que a uno de tus alumnos le comenzaste a llamar Juanjito, porque según tu opinión él se parecía a mí, te decía que sí a todo, pero al final hacía lo contrario, una carcajada siguió al abrazo que te di por tu ingenio. Esa vida en un constante concierto es lo que más extraño de ti. Después de esta anécdota, fue imposible no emocionarme cuando en tu despedida se me acercó tu apoderada y me dijo, “yo soy la mamá de Juanjito”, habló con tanto cariño de ti, que fue inevitable no sentir orgullo del legado que dejó tu vocación en miles de niñas y niños.

“Cuídame a mi Juanjito” le solías decir a tu mamá cuando por una u otra razón no estarías en casa, me enternecía ese gesto, tu instinto, tu amor, brotaba a borbotones, quizás me faltó correr y abrazarte en ese instante, pero quiero que sepas que cada gesto de tu amor vive en mi piel y cada vez que me vuelvo a abrazar con tu mamá, es un abrazo de tres.

Sé que odiabas de cierto modo mi pasión por Rangers, pero me quedaron grabados esos pequeños mensajes que me enviaste por el ascenso de 2011, “bien mi amor, gol”, “eso mi amor, vamos ganando”, “te felicito amor, estás en primera”, hoy son piedras preciosas de un pasión que no muere, como tampoco muere el amor que yo siento por ti.

“Déjemelo para mí” le decías a mí mamá cuando te despedías abrazándome, ningún problema mi amor, te respondía ella. Así de grande fue el amor que tu suegra sintió por ti, siempre pensó en nuestra felicidad, y más que una nuera, fuiste su hija, y con esa caricia que permite el alma, es que hoy te extraña tanto como yo a ti.

Te escribo porque es mi vicio, mi juguete, mi escape, mi tono, mi modo. Una vez me dijiste que un aspecto que te enamoró de mí fue mi manera de escribir, pues bien, hoy te digo que me enamoró de ti tu faceta de actriz, yo podía escribir el mejor guión, pero no había nadie que lo interpretara de mejor manera que tú en mi corazón.

Te amo Marce, tu JuanJito.


No hay comentarios:

Publicar un comentario