Talca, 18 de marzo de
2014
Mi amor:
E
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s marzo y la ciudad toma su ritmo
acostumbrado, y yo entre tanta prisa escojo del tiempo que me roban las circunstancias,
el mejor, para pensarte.
Te imagino imbuida en tu mundo de
niños, juegos y aprendizaje, con tu nuevo delantal verde acomodado a tu figura,
como tu vocación a tu entrega.
Extraño tu relato pormenorizado
de las nuevas mini-personalidades que acompañaban tus días, de ese fulgor con
que el futuro te avisa sus novedades, con esa risa párvula que te era adictiva,
con ese carisma que hablaba por ti.
Son 9 meses tratando de construir
ese puente que me comunicaría con lo que no entendía; sigo sin entender muchas
cosas, otras las acepto, porque no tengo más remedio, pero hay veces en que el
desvelo es mi único consejero.
La empuñadura del dolor no tiene
más forma que el de las ventanas con que abrimos el día, a veces hay sol, en
otras nubes y de vez en cuando lluvia en forma de lágrimas, todo es necesario,
no es posible saltarse etapas para creer todo superado.
Hay rasgos de otoño en las
miradas, y un poco de ese otoño convive en mi alma. Te extraño, extraño saber
que me esperabas con una sonrisa, extraño tu manía por hacer de lo imperfecto
la felicidad, extraño tu mundo que era gemelo del mío, extraño la incertidumbre
que se escondía detrás de un beso.
Hay muchas palabras parecidas que
intentan recordarte, pero hay una que no tiene parangón y es sonrisa, eras
dueña de la mayoría de ellas, y de las que no, eras la culpable de provocarlas.
Nada me hacía reír más que tu complicidad, que tu chistera repleta de trucos,
que tus manos dirigiendo todo, como batuta de orquesta.
La felicidad se explicaba de
manera sencilla y era cuando sentía que tu corazón latía alternadamente entre
tu pecho y el mío. Hoy mi definición de felicidad es mucho menos exigente, el
duelo te enseña a ser paciente y aprendes a disfrutar el amanecer de un nuevo
día, cualquiera sea la dificultad.
Me preguntan mucho si te sueño,
me gustaría responderles que te vivo, pues así lo siento, estás al lado o
delante de mí, acompañándome, o abriéndome camino, y por más complicado o
solitario que sea el presente, digo gracias nuevamente por haberte conocido.
Te amo Marce, tu Juanjito.