lunes, 10 de febrero de 2014

8 meses y unas cuantas horas



Talca, 10 de febrero de 2014

Mi amor:   
  
L
os días se visten y se desvisten de nostalgia, el rumor tibio de los recuerdos se vuelve aire, de ellos respiro en las noches en que la soledad me acompaña, en aquellas mañanas en que el protagonismo se lo dejo al celo de tus ausentes palabras.

El verano se mece en la cuna de las miradas, hay testigos de todo menos de lo importante, de aquello que dejamos grabado en el otro verano, de aquellas marcas que el alma tejió en los días nublados, de aquellas puertas que le abríamos a las sonrisas, de aquellas guitarras que no sabíamos tocar, pero que escuchábamos abrazados al instinto, de aquellas patrañas con que timábamos al tiempo cuando nos hacía falta.

Ya no está tu falda revoloteando en la comisura de la luna, ni tus rizos retozando en mi hombro, a cambio tengo un pedazo de noche dormida, que despierto de vez en cuando, para que me confirme lo inevitable, tu ausencia.

Todo se mueve de manera distinta, con la cadencia propia de la incertidumbre, de esas realidades que cambian fronteras, que prueban la madera con que estás hecho, que te explican la vida de la manera que nunca la entendiste.

Son 8 meses y unas cuantas horas arremolinadas en el presente, 8 meses aprendiendo aquello que no te enseña ni la mejor escuela, 8 meses en que sonreír se ha hecho sanador, 8 meses en que he desempolvado una biblioteca entera con tus frases, 8 meses en que rodado mi historia, sin más cámara que pensar en ti.

El viento se asoma indiscreto mientras te escribo, ¿o serás tú seduciendo mi pluma? Acotándome todo lo que había olvidado, como aquella caminata por la costanera de San Antonio, tú ataviada de tu infaltable paquete de cabritas y la intempestiva  advertencia de una señora de edad, que te dijo “no vaya para allá, que se lo van a quitar”, en referencia a la popular cantante de rancheras que coqueteaba con sus improvisados espectadores. Tu mano se sujetaba a la mía con más fuerza, como dándole la razón a la experimentada consejera. Tengo grabada tu risa cada vez que me recordabas aquel episodio.

Ya no sé qué se entiende por victoria, ni por derrota, pero creo que las victorias se parecen mucho al abrazo que me dan mis padres o tus padres, y las derrotas no existen como las imaginamos, porque caer no es derrota, errar no es derrota, perdonar no es derrota, la única derrota que existe es creer que todo te puede vencer.

Se viene otro 14 de febrero y esta vez no habrá poesía en las miradas, ni recetas improvisadas, ni besos en un rincón, todo se quedó dormido en el otro febrero, en ese junio que me robó el amor de mi vida mucho antes de tiempo.                                                                      

                                                                                              Te amo Marce, tu Juanjito.