Se han cumplido 4 meses
Mi amor:
H
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e escondido las respuestas bajo
el manto de la soledad, y esa vocación de soñador sigue siendo una obsesión,
para hacer un poco más llevadera la verdad, esa que en tu biografía me asesina
las sonrisas cuando quiero despertar, y te busco y ya no estás.
Se han cumplido 4 meses y en las
páginas de mi diario sigues siendo el titular, cada día una nueva crónica me
enseña el precio de lo que significa extrañar, me enseña a robarle a las horas
lo mejor, eso que hacíamos sin un plan, pero que juntos era perfecto.
A ratos me parece que te miro,
cuando un abrazo me hace testigo del amor que sigue vivo, de esa historia que te
retrata de alma entera, de esa chistera que escondía tu ironía, de esa
caligrafía que te hacía intuitiva, si en eso de escribir se definiera la vida.
Si encuesto a los sentidos todos
me dicen que tú estás, si propago tu discurso, todos me quieren escuchar, pero
cuando necesito tu abrazo, me consume la soledad.
Cada vez que me reencuentro con
tus padres, un poco de ese amor infinito hacia ti se queda conmigo, es un
regalo que persigo, porque hace un poco más fácil detenerme a mirar el tiempo,
que se llevó la libreta de apuntes donde escribí para siempre un tú y yo.
Extraño hasta tu faceta de dueña
de casa, esa donde la experiencia era una tarea pendiente, pero donde la
entrega era incluso más grande que tu corazón.
Vivo de tu inspiración, de ese
tropel de sensaciones que se vienen a acostar conmigo, y me despiertan cuando
quiero soñarte y me hablan cuando busco silencio, y me confunden cuando creo
tener todo más claro.
Cuando vuelvo a leer tu
despedida, me preguntó ¿quién habló?, mi memoria me dice que fui yo, mi
instinto me dice que fuimos todos, y yo actué de intérprete. Había tantos
rostros mirándote en mis palabras, que me quedaron grabados, en ellos vi tu
reflejo, en ellos me aferré para entender de lo que el destino me privó.
Intento disfrutar de todo, hasta
de lo que no me gusta, si algo aprendí de esta experiencia nefasta, es no desperdiciar
nada, hoy me subo al galope incluso de las rutinas, las riendas las tengo firme
y es a través de ellas que lucho por ser feliz.
No es fácil cambiar tus besos por
un pedazo de tierra con tu nombre, es una montaña difícil de escalar, pero
confío que de algún lado estás mirándome, ayudándome a tropezar lo menos
posible, aliándome con quienes sin proponérselo me alivian el dolor.
Te amo Marce, tu Juanjito.
