Talca, 10 de mayo de
2014
Mi amor:
L
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a empuñadura del tiempo se
acomoda a mi mano a razón de una primavera cada dos otoños, estoy trabajando en
revertir la proporción con la misma disciplina que tú usabas para arrancarme de
cuajo la angustia. Las reservas de esperanza me alcanzan para todo lo que
desee, ya que son el único recurso inagotable, porque dependen de un puedo,
para su consecución.
Son 11 meses y unas cuantas
batallas libradas sin ti, ahora se viene otra, pero saldremos adelante, hay
muchas voluntades empujando el carro para que llegue a la estación.
Mientras lo cotidiano se desnuda sin
prisa, hay un ayer que me pregunta dónde estás, un mañana que se disculpa por
no encontrarte, y un presente que me invita a caminar. Y de tanto bastidor sin
escondites, mi alma sale a escena sin ensayar, improvisando hasta el título de
la siguiente hora, en un intento de que el tiempo viaje marcha atrás.
Me dejaste tu biografía a medio
terminar, un baúl lleno de sueños atrapados, un camino sin retorno, donde nadie
te puede ir a buscar, un idioma con el que nadie más me ha hablado. Insisto en
detenerme para escucharte reír, del mismo modo con que insistía por el
siguiente abrazo, por la siguiente luna atrapada en nuestra noche, por la
siguiente canción que componían tus besos, por la siguiente razón un tanto
desquiciada.
El desayuno es hoy un comodato
precario, ya no está tu prisa ni tu calma intercambiando roles, solo la rutina
disfrazada en una taza de té, junto a las páginas del diario donde cada vez es
más difícil encontrar buenas noticias, como tú con tanta inteligencia me invitabas
a prescindir; hoy te hago caso y el despertar es mucho más dulce.
En Talca la lluvia usó marionetas,
para avisar que el invierno está en viaje, afiebrado despertar de un mensaje,
que me recuerda que hace un año comenzabas a luchar por tu vida, sin pensar en
ningún minuto en despedidas, ni nubes escondidas en medio de tu sol.
Fuimos la pareja del año cada año
en votación unánime, yo votaba por todo lo que no veías en ti, y tú por aquello
que odiabas amar de mí, era un recuento feliz, simple y tan nuestro que lo
extraño a rabiar, si hubiese servicio electoral en el cielo, te volvería a
elegir como gobernante de mi corazón.
Tengo más fuerza de la que creía,
menos experiencia de la necesaria, pero mucho más amor que el promedio de las
amenazas que a ratos te apuñalan con lágrimas. La muerte me enseñó a vivir, lo
simple a ser exitoso, y tú a ser feliz
Te amo, tu JuanJito.